Duermo no duermo, duermo no duermo, duermo no duermo, duermo…

 

El crecimiento de las consultas médicas por la problemática del insomnio y el uso, en muchos casos indiscriminado, de inductores del sueño, me llevan a pensar de qué nos debemos enterar los médicos, qué desconocemos ante el incremento importante de esta sintomatología y del consumo de esta medicación.
La medicina define como insomnio, la dificultad para iniciar o mantener el sueño, despertarse frecuentemente durante la noche, o despertarse muy temprano por la mañana. Hay diferentes grados de insomnio según la cronicidad del síntoma. La queja más frecuente que presenta este tipo de pacientes es la somnolencia diurna y la incapacidad de sentirse activo durante el día.
En este caso no me voy a referir a los pacientes que tienen una situación de crisis ocasional y que presentan el síntoma por un corto período de tiempo, pero sí me voy a referir a cuando este síntoma se instala en la persona de manera crónica.
Para meterme de lleno en el tema voy a comenzar por una síntesis de historia clínica. Juan, que se identifica como un lector del periódico "El Homeopático" desde hace años, se contacta conmigo y me dice si lo puedo atender por Skype, me cuenta que vive en Francia y, aprovechando mi participación en el Congreso Internacional de Homeopatía de París en Julio de 2014, le sugiero verlo en este viaje.
En julio recibo en el hotel donde me alojara en París, a Juan, de 64 años, un hombre casado, con tres hijos, profesional muy prestigioso en lo suyo, que reside en esa ciudad desde hace más de 35 años.
Juan me relata "que se exiló de Argentina a partir de la dictadura militar y que, dada su militancia, no tuvo otra posibilidad ya que de lo contrario su vida corría muchos riesgos. Sus primeros años en esta ciudad fueron muy difíciles pero muy activos y creo que mi profesión me dio una identidad que me permitió seguir con mi proyecto de vida."
Le pido que me hable sobre el motivo de consulta que es su Insomnio, situación que lo tiene en vilo desde sus 30 años. Se define como una persona armónica, bondadosa y muy locuaz. Observo que le cuesta hacer un relato pormenorizado de su personalidad y suele, durante la entrevista, irse por las ramas con otros temas que son de su preocupación actual, pero ante mi insistencia por que se quede y me describa con detalles cómo aparece su insomnio y qué ideas o problemas surgen antes o durante el mismo, me cuenta: "cuando era un joven estudiante universitario me quedaba estudiando de noche ya que era la mejor hora donde me podía concentrar y luego podía dormir algunas horas durante el día. Con el transcurso del tiempo, luego de casarme y tener otro tipo de obligaciones, el tema se presentaba durante la noche, pero no recuerdo cuáles eran las ideas o problemas que me surgían en esas circunstancias."
Le pedí que me hablara de su familia de origen y relata: "mi familia había llegado a la Argentina antes de la Segunda Guerra Mundial. Por un lado, porque ya se percibía en el ambiente que algo grave podría suceder y por otro lado, el hambre que había en Ucrania en esa época."
-¿Y cómo estaba constituida su familia? "Mi madre, que provenía de una familia judía religiosa y mi padre, no tan ortodoxo en sus creencias. La familia de mi madre eran 7 hermanos. Por otra parte, mi padre era único hijo, a mi abuelo le gustaba pasarse las tardes en el café jugando al dominó, mientras mi abuela se ocupaba de cuidar las tareas del hogar, y decía mi padre tener un primo en el sur, pero que nunca supo dónde y… no tengo muchos más datos. Yo soy el mayor de cuatro hermanos. Dos viven en Argentina y el menor, en Estados Unidos."
A mi pregunta de si pudo llorar la muerte de sus padres me contesta: "que no, fue un hecho inesperado para mí y me quedé sorprendido y sin respuesta ante los acontecimientos. Doctor, los perdí muy jóvenes a los dos, y ahora que me lo pregunta recuerdo que jamás pude llorar ni por ellos ni por mis abuelos, ya que cuando murieron, sus respectivos velorios me fueron ocultados, presumiblemente para que no sufra, cultura de la época supongo."
Sigue diciendo Juan, "un día hice un taller de constelaciones familiares por indicación de un amigo para ver qué había pasado en mis orígenes y fue muy impactante porque aparecían muchas personas muertas."
-Si yo le pidiera a un amigo suyo que me dijera cómo es usted, ¿qué me contaría? "En realidad soy de buen carácter, ordenado, afectivo, busco que las cosas se ordenen de a pares, no sé por qué, es una tara que tengo, necesito que todo se encuentre armónico en mi vida, siento que con equilibrio puedo mirar a la distancia, mejor las cosas, jamás intento imponer una idea por la fuerza." No me gustan las peleas, tampoco las decisiones unilaterales. A veces mi mujer me dice que soy un líder, pero no ejerzo la fuerza para tener ese liderazgo.
Me cuenta Juan que el único antecedente quirúrgico es una operación de amígdalas de pequeño y no tiene antecedentes de enfermedades graves.
No tiene nada destacado entre sus deseos y aversiones alimenticios.
Con toda esta síntesis de historia clínica le indiqué un remedio que se llama Gadolinium Phosphoricum que pertenece al grupo de los denominados Lantánidos (tierras raras) y por otra parte le dije, como una indicación terapéutica, que era hora de que dejara de velar a sus muertos acto que evidentemente lo hacía de manera inconciente.
Para mi sorpresa me llamó a mi consulta a Buenos Aires, tres meses después de nuestro encuentro en París y me contó que duerme bien, que el resultado de la toma del medicamento fue maravilloso ya que hacía más de 30 años que no descansaba sin la ingesta nocturna de psicofármacos.
Este caso es de una evolución muy buena, rápida y en muy poco tiempo. Traigo este tema ya que en muchos ámbitos se considera a la medicina homeopática muy buena pero lenta, sin embargo no es necesariamente así y esta historia clínica así lo demuestra, en virtud de la cronicidad del síntoma que originó el motivo de consulta.
El remedio elegido siguió el orden que describió oportunamente el Dr. Jean Scholten en sus enseñanzas del manejo de la tabla periódica de elementos.
Pero de toda esta explicación debo confesar que en realidad nunca tendré la certeza de qué fue lo que puso en marcha el mecanismo de sanación: ¿el remedio homeopático o mi indicación de que deje de velar a sus muertos? Pienso que esta disquisición es solo para el ego del médico, y que lo único importante es la curación del paciente en todos sus aspectos.

 

Dr. Sergio M. Rozenholc