La Creencia

 

Durante mucho tiempo me preguntaba qué rol jugaba la creencia en la consulta médica, tanto del lado del paciente como así también del lado del médico en la curación. Para saber algo de esto tuve que pedir ayuda a los filósofos quienes le podrían poner alguna luz a este tema y ayudarme, entonces, a comprenderlo.
Para adentrarnos en tema debemos primero incursionar en el término creencia, que tiene una estructura conceptual originalmente binaria, constituida por dos momentos inseparables aunque disociables. A cada momento de la idea, corresponderá un concepto de creencia.
Estos dos conceptos no se comparten como términos correlativos sino como términos de un dualismo, posiblemente en sentido geométrico.
El primer momento es el subjetivo, que corresponde al concepto psicológico de la creencia.
Desde esta perspectiva, la creencia es el contenido sobre el cual el sujeto presta un asentimiento tan intenso, que llega a tomarlo como real y verdadero.
Ortega decía que la creencia implicaría el sentimiento del sujeto de estar envuelto por ella, de forma que de ninguna manera apareciese la creencia como alojándose en el sujeto. Ortega también dice que la creencia en el hombre, no sabe cómo ni por dónde ha entrado.
Es algo heredado. Es el conjunto de esfuerzo heredado, capital sobre el cual se vive.
Entonces “el hombre es un heredero”.
Hay un segundo momento que es el objetivo, que es aquel que nos la presenta según la materia o contenido objetivo (ontológico) que se abre al sujeto a través de la creencia.
Estos dos momentos de la creencia son parte de un proceso dialéctico, a la manera de un dualismo circular que nos lleva del contenido objetivo al contenido subjetivo, con el retorno correspondiente.
A partir de este modelo dialéctico es posible de pensar a las creencias como un campo de operaciones y relaciones entre sujetos, a través de objetos; entre objetos, a través de sujetos.
Ferrater Mora sostiene que para el racionalismo, la creencia es la evidencia de principios innatos. Para el empirismo, es la adhesión a la vivacidad de las impresiones sensibles.
Si pudiéramos establecer un paralelismo entre los pensamientos de Hume y Ortega podríamos estar de acuerdo en que ambos admiten que idea y creencia son representaciones e interpretaciones de la realidad y para ambos, la creencia es genéticamente una idea. Sin embargo, para Hume se convierte en creencia por el modo afectivo de concebirla mientras que en Ortega, para que una idea llegue a ser creencia, necesita un largo período de consolidación. Tanto uno como otro sostienen que la creencia es una creación de la mente.
Es interesante lo que Ortega refería a la creencia. Decía que surgía genéticamente como resultado de una situación trágica del hombre, es una situación de naufragio. El hombre se encuentra ante una realidad que es un caos, un enigma, a la que por necesidad de sobrevivencia, tiene que darle un sentido, un orden, es decir una interpretación. Para ello el hombre parte de unas convicciones básicas, en las que se encuentra desde que es arrojado a la vida. Estas convicciones son las creencias, que constituyen el suelo y el estrato de la vida. Creencias que él personalmente no crea, si se me permite este juego de palabras, sino que se encuentra con ellas y dentro de ellas vive y es.
Hay en la creencia un carácter colectivo y algunos elementos como el hábito y la costumbre, que la constituyen.
La fuerza de la costumbre se convierte en reguladora de la sensibilidad, engendrando la continuidad de nuestros actos.
Dice Pascal, en relación a la costumbre: “¿qué son nuestros principios naturales sino nuestros prejuicios habituales? Y aún los niños que han recibido una costumbre de los padres... una costumbre diferente que dará origen a otros principios naturales”
Acá vemos cómo la costumbre es una segunda naturaleza que destruye la primera.
En Hume la costumbre se hace necesaria en forma de un proceso acumulativo, para llegar a la conexión necesaria entre la idea y la impresión, ya que sola no basta para provocar la creencia. Es decir, habla de la repetición de la experiencia de esta conexión relacional, se crea unos hábitos de juzgar que se nos impone.
Dice Hume:
“Siempre que un objeto se presenta a la memoria o a los sentidos, este objeto gracias a la fuerza de la costumbre, lleva inmediatamente a la imaginación a concebir otro objeto que va siempre unido a él. Y esta concepción es asistida por un sentimiento que difiere de los vagos ensueños, de la fantasía. En esto consiste toda la naturaleza de la creencia.”
A esta altura, como verán, la creencia nos tiene y nos sostiene y la costumbre juega un papel decisivo en la consolidación de una idea.
Otro elemento interesante es la visión colectiva de la cosa que pasa de generación en generación y muchas veces será imposible de desarraigar .
Hume compara a la creencia con el instinto, dándole la característica de segunda naturaleza.
Vimos hasta aquí la brillante descripción aportada por la filosofía del valor génesis, composición, formación y estructura de la creencia.
Con este desarrollo me gustaría que se comprendiera que por el rol que ocupa el médico en nuestra sociedad, muchas veces el diagnóstico médico realizado durante una consulta tiene el valor y la posibilidad de transformarse en una sentencia, a la manera jurídica.
Para entender esto, daremos el ejemplo del caso que en consulta, el médico le dice a una paciente: “usted tiene cáncer, si no hace lo que le digo tiene pocas chances de vivir.”
Esta manera de configurar un diagnóstico provoca un impacto en el sujeto (paciente) en el cual las palabras vertidas de la boca del profesional reducen a un lugar de cosa al sujeto (paciente) o sea, se lo cosifica. Y por lo tanto, sujeto y objeto pasan a representar lo mismo. Recuerden la descripción dialéctica de la creencia entre el sujeto y el objeto. Es este el momento en donde la estructura psíquica del sujeto (paciente) fue atravesada por un rayo, pero no impactó en la psiquis solamente, sino que fue su cuerpo el que produjo el registro. Uso esta metáfora para que se entienda así, cómo se produce en la dialéctica, la relación cuerpo - mente.
La creencia en esta situación juega un rol igual al descripto, atravesando la mente, y se inserta en el cuerpo (paciente). Posiblemente, este diagnóstico de sentencia haga que se produzcan más estragos , que la enfermedad misma del paciente.
Tomemos otro ejemplo para explicar otro tipo de situaciones. Tal es el caso del médico que realiza un diagnóstico de una enfermedad grave, pero la manera de transmitírselo a su paciente reviste un tono ya no de sentencia, sino una manera más protectora y de acompañamiento en el tratamiento que van a emprenderse, donde le va explicando ya no con un tono de sentencia, sino más paternal; si se quiere, a la usanza del médico de familia, y le asegura que el tratamiento puede tener buenos resultados y va a poder curarse.
En este caso entran en juego dos cuestiones: la primera, el convencimiento profundo del médico para que esto suceda y la segunda, la creencia profunda del paciente que esto sucederá. Se amplían las posibilidades de que este paciente obtenga así, buenos resultados con el tratamiento que haga (alopatía, homeopatía, etc.)
Aquí observamos lo que Hume dice acerca de que la creencia es de segunda naturaleza pero tiene el mismo funcionamiento que el instinto y por lo tanto tiene una inclusión en el proceso biológico. La repercusión de la creencia forma un nuevo estado de conciencia, tanto en el paciente como en el médico, y esto produce un cambio en el orden biológico tal que el resultado del mismo es totalmente diferente al anterior ejemplo.
Este ensayo tiene por objeto llegar a que los médicos entendamos qué se juega detrás de nuestra intención médica y también, producir conciencia; ya que la creencia por sí misma forma grados de conciencia y de la responsabilidad que tenemos en nuestros actos cotidianos.
Algo más para mis queridos colegas los médicos homeópatas, creo que es factible diluir la creencia y suministrarla a la manera de un medicamento homeopático o juntamente con este.
Se los dejo para pensar...

Colaboraron para este trabajo, los siguientes autores:
Gustavo Bueno
Antonio Mansilla Triviño
David Hume
José Ortega y Gasset

José Ferrater Mora

 

 

Dr. Sergio M. Rozenholc