La Radio

 

Hace aproximadamente quince días me citan de una radio de Buenos Aires para debatir acerca de la Homeopatía con un colega, médico alópata. Acepto la invitación.
Luego de una larga jornada de trabajo, me dirijo a la emisora. Miércoles, 21 horas. La cuestión comienza apenas llego. Cuál sería mi sorpresa al encontrarme con el profesor que había tenido cuando cursé Farmacología siendo alumno de la Universidad de Buenos Aires, quien me dice que en la actualidad es el profesor titular de la cátedra de Farmacología de dicha Institución. Él tenía algún recuerdo de mi cara y yo, la grata sensación de que había una buena parte de responsabilidad en él, de que me hubiese gustado la Farmacología .
Cuando salimos al aire, el locutor pide que debatamos acerca del artículo publicado en el último número de la revista “The Lancet” que habla de la ineficacia comprobada de la Homeopatía, a través de un estudio que parecía ser muy serio.
Comienza el profesor a hablar de la eficacia comprobada de los medicamentos alopáticos y dice que en los remedios homeopáticos no ha podido verificarse, con el método científico, tal eficacia, y explica que de eso habla el trabajo citado.
El conductor rápidamente le pregunta qué piensa de los buenos resultados de la Homeopatía, de los que los pacientes son el fiel crédito, siendo esto de público conocimiento. El profesor enfatiza entonces, la importancia de diferenciar la eficacia del remedio, de la del tratamiento médico. En ese momento pensé que esa división, esa separación, solo la puede hacer un médico farmacólogo, ya que con mi visión clínica, esa disquisición no la podría realizar.
Tras esa pregunta llega otra que refiere al hecho de que en Europa la Medicina Homeopática estaba legalizada, era oficial. Ante ella, justifica esta situación diciendo que la Medicina Homeopática había tenido su origen en ese continente y por una cuestión, diríamos casi cultural, es que se aprueba la misma. Pone mucho énfasis en la cuestión del lugar de nacimiento ya que América no la tiene legalizada. (Esto no es así, México sí la tiene legalizada por ejemplo, pero esta fue una reflexión mía, en silencio).
Cuando me toca el turno de hablar, comienzo diciendo que el Dr. era un excelente profesor y le debo a él que me haya gustado la Farmacología. Seguido, hago una comparación entre el trabajo a que hizo mención el profesor, que era el último y hablaba desacreditando nuestra Medicina Homeopática y uno publicado en septiembre de 1997, en donde sostenía el Dr. Jonas, a cargo de esta publicación, la eficacia de la Homeopatía respecto al placebo, de 5 a1. Sostengo que ninguno de los dos son plausibles de ser tomados en cuenta: Ni el que hablaba a favor, ni el que hablaba en contra. ¿En virtud de qué, mis dichos? En virtud de que la eficacia de los remedios homeopáticos es imposible de demostrar con lo que uno considera como el método científico. La Homeopatía usa sustancias que no son sustancias, porque no hay moléculas debido a que se encuentra la dilución, por encima del número de avogadro, donde ya no hay materia. Queda así sugerido que este método no sirve para evaluar a nuestra querida Medicina Homeopática.
En ese momento el Dr., Mi querido colega, retoma la palabra y comenta que lo que posiblemente cure en la Medicina Homeopática sea la actitud del médico y la disposición de la entrevista y no la eficacia de los medicamentos. Para ese entonces el teléfono de la radio estaba abarrotado de llamados de gente que hacía consultas y de adeptos a la Homeopatía que querían expresar sus propias experiencias. El locutor decide sacar al aire alguno de los llamados. Comento alguno de ellos y llegamos a las conclusiones finales en donde mi colega sostenía que la Medicina Homeopática, con el transcurrir del tiempo, permitiría revelar la ineficacia de sus remedios.
Personalmente creo que la polarización entre las distintas formas de mitigar el sufrimiento humano, no arriban a buen puerto. Terminé el tema diciendo que en estos tiempos, nuestra única garantía de que estamos en el buen camino es la innumerable cantidad de pacientes que se curan y nos siguen durante tantos años, a pesar de que los homeópatas actuales mantienen intactas las enseñanzas del maestro Hahnemann y no modificaron sus criterios del Organón de la medicina, escrito hace más de doscientos años, por la efectividad del mismo y el cumplimiento de todas sus observaciones pronósticas.
Me fui de la radio contento porque sentí que no había polemizado con un querido profesor del que tenía el mejor de los recuerdos y no había habido ningún tipo de violencia, que muchas veces en este tipo de confrontaciones sucede.
Subí a mi auto y me quedé pensando cómo le podría explicar el funcionamiento de nuestras sustancias que van hacia la nada y retornan de la misma con una energía tan especial que permite la curación de nuestros pacientes por el principio de similitud.
Me volvía una y otra vez a la mente, la idea de que la Homeopatía, posiblemente tenga razón mi antiguo profesor, nunca va a poder atravesar el requerimiento del método científico, porque trabaja con otro tipo de realidades y estas son las del sujeto no fragmentado, esa persona cuya historicidad difiere de uno a otro, y por lo tanto, es muy posible que siguiendo esta línea de pensamiento, la realidad no sea científica y mucho menos la realidad de una persona.
Pensaba que en México en este sentido tiene una actitud de avanzada, el equipo dirigido por el Dr. José Alejandro Almaguer González director del departamento de medicina tradicional y desarrollo intercultural me comentaba hace pocos días, que en este momento en la cámara de diputados de este país hay un proyecto de aprobar 200 medicinas no convencionales, si tradicionales, respetando las diferentes etnias que tiene el país. Quiero aclarar que en México, la medicina homeopática y la acupuntura son medicinas reconocidas y legales.

Y con todas estas reflexiones comencé a soñar con una medicina en donde las diferentes expresiones y modelos estén comprendidos y luchen por un bien común, el bien del ser humano.

 

Dr. Sergio M. Rozenholc