La Sanación, Un Proceso Creativo

 

Desde hace algunos años, los médicos estamos preocupados por comprender al enfermo y el sentido de su enfermedad. Para lograr colaborar con nuestros pacientes en la cura de sus sufrimientos, los acompañamos en un trayecto desde fuera hacia dentro del ser y a este recorrido, si resulta exitoso, se lo denomina curación.
Cuando la delicada situación por la que atraviesa una persona no le permite realizar este tránsito, se le propone a mi entender, algo mucho más comprometido que es desandar el camino de cómo fueron produciéndose sus desencuentros con la vida y sus encuentros con la enfermedad, mediante el uso de la inteligencia de la naturaleza, que es el camino de la sanación (camino de la homeopatía). Nuevo tramo que ahora se gesta desde el interior del ser humano hacia el exterior, para producir un cambio radical en la vida del sujeto.
Me gustaría contarles un cuento que se titula El veredicto, que data de la Edad Media, del cual desconozco el autor, para poner un poco de luz a este difícil problema de las enfermedades graves y crónicas.
Cuenta una antigua leyenda de la Edad Media, que un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer. En realidad, el verdadero autor del delito era una persona muy influyente del reino y por eso, desde el primer momento se procuró un chivo expiatorio para encubrir al culpable.
El hombre fue llevado a juicio, ya conociendo que tendría escasas o nulas chances de escapar al terrible veredicto: la horca.
El juez también complotado, cuidó de dar todo el aspecto de un juicio justo; por ello dijo al acusado: “Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor vamos a dejar en manos de Él, tu destino”. Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tú escogerás y será la mano de Dios la que decida tu destino.
Por supuesto, que el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda “culpable” y la pobre víctima, aún sin conocer los detalles, se daba cuenta de que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria.
El juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados. Este respiró con los ojos cerrados, y cuando la sala comenzaba a impacientarse abrió los ojos y con una extraña sonrisa tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca, lo engulló rápidamente.
Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon airadamente: “Pero... ¿Qué hizo? Y Ahora... ¿Cómo vamos a saber el veredicto?”
“Es muy sencillo”, respondió el hombre. “Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos lo que decía el que me tragué.”
Con rezongos y bronca mal disimulada, debieron liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo.
De este hermoso cuento podemos sacar un importante aprendizaje, ya que la situación sin salida que nos presenta el acusado es muy similar al momento donde a un ser humano se le produce una enfermedad. Es algo inesperado, que a uno lo toma por sorpresa y es vivido en soledad, sin poder dar una respuesta verbal a tal situación.
La respuesta a esta situación de atolladero es operada por el cuerpo, en este caso es el que habla. Uno cree que piensa, pero en realidad es la vieja evolución la que piensa por uno. Podríamos llamar a esto un conflicto biológico, un conflicto de subsistencia.
Hay un autor a quien el prestigio del mundo científico se le ha rendido a sus pies. Él es el Dr. Antonio Damasio, al que hace algunos meses se le otorgó en España el premio Príncipe de Asturias por su último libro “En Busca de Spinoza”.
Nos va a decir que las emociones se expresan en el teatro del cuerpo, mientras que los sentimientos lo hacen en el teatro de la mente, a la manera de imágenes mentales. Este autor es el que deja sentada la base científica acerca de que en una enfermedad crónica o grave siempre hay una emoción atrapada.
Volviendo a nuestra historia, vemos que la salida es un proceso creativo, se suspende la ejecución del acusado; pero también es una trampa a la trampa, el individuo se traga el papel. En las enfermedades crónicas o graves, muchas veces pasan cosas similares. Cuando hablamos de cambio de vida, pareciera ser que la historia anterior tiene que ser desactivada para poner en marcha este nuevo proceso, debe ser tragada parte de la historia del sujeto, creo que esta es la verdadera descripción de la trampa.
En realidad este es el camino de la sanación, que nos lleva a desandar la trampa, que nos tiende la historia de la enfermedad.
Lo creativo y el desandar de la trampa a la que hago alusión son los dos elementos necesarios para producir lo que llamo la suspensión del proceso de la enfermedad, y generalmente uno va de la mano del otro. Bien sabemos los médicos, que en las enfermedades crónicas y/o graves necesariamente el sujeto tiene que hacer un viraje de 180 grados en su vida, premisa básica para producir una sanación profunda y duradera.

Este cuento es de una gran enseñanza que consiste en comprender que tender, una trampa a la trampa, es la única salida del atolladero y se hace posible gracias a un proceso creativo. Como dice Einstein, “en momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento”

 

Dr. Sergio M. Rozenholc