Cáncer: Nuevos Aportes

 

Antonio Brú es un matemático de la Universidad Complutense de Madrid que luego de angustiarse mucho por la enfermedad de cáncer que llevó a la muerte a su abuela, comienza a interesarse por el tema e inicia una larga investigación que lo llevaría a importantes descubrimientos.
Estaba por esos tiempos investigando el comportamiento de la arcilla ubicada en los contornos de los contenedores que contenían residuos tóxicos enterrados y necesitaba evitar que el agua penetrara cuando se los sumergían en la tierra. Fue ahí cuando descubrió que la arcilla se comportaba como una estructura fractal.
Es en ese momento que comienza a pensar, y luego estudiar, los tumores, y muy especialmente sus contornos, y de esta observación deduce que es factible entender su crecimiento a partir del análisis matemático de los mismos.
Es entonces donde surge que el comportamiento del tumor es pasible de la misma observación que tenía oportunamente la arcilla, es también una estructura fractal, o sea una estructura geométrica que nos permite describir procesos que aparentemente son impredecibles, que responden a un orden oculto. Traduzco esto en un sencillo ejemplo: una estructura geométrica fractal, en un lenguaje cotidiano podrían ser las “mamushkas”, las famosas muñecas rusas que se esconden una dentro de otra.
Lo novedoso de este descubrimiento es que la mayor proliferación celular no se encuentra en el centro como se creía hasta ahora (angriogénesis) sino en los bordes, existiendo un mecanismo de inhibición celular en el centro, como se lo conoce en las células normales.
Aquí comienza su interesante observación, ya que las células normales se dividen en plazos cortos de aproximadamente 24 a 72 hs., pero las tumorales llegan a cien días.
Esto explica que el tumor no crece en su totalidad, sólo lo hace en el borde del mismo. Lo interesante de esta teoría es que el tumor que crece en el borde busca espacios cóncavos; con esto, se contradice la lógica hasta ahora existente del crecimiento exponencial y su búsqueda de nutrientes. Esta actitud de la célula tumoral de buscar espacio se debe a que la célula tumoral busca evitar la respuesta inmune del organismo ante el crecimiento de un tumor. El tumor primero destruye el tejido huésped y luego invade.
Antonio Brú explica este comportamiento y dice que lo único que busca la célula tumoral es ocupar espacio y que si practicamos una quimioterapia con este tipo de tumores sólidos, lo que hacemos es quitar una capa de células del borde del tumor, la más superficial, que en relación a la totalidad del tumor es una capa pequeña y al extraerla, se vuelve activa la capa que se encontraba por debajo, y estimula la proliferación celular que difunde por la superficie.
La propuesta de Antonio Brú es maravillosa, nos está diciendo: “pensemos que lo único que le pasa a la célula cuando hace un tumor, es la necesidad de tener un comportamiento de supervivencia; no se le ocurre comer cuando está en peligro su vida, sino ocupar un espacio.”
Brú propone no matar con quimioterapia a las células del borde, sino encapsularlas para que cese el tema de la división celular en ese exacto lugar.
La teoría de Antonio Brú es revolucionaria y muy conmovedora, habla de no destruir; propone producir el encapsulamiento del tumor a través de suministrar Filgrastin, que es un medicamento que actúa estimulando la serie blanca, especialmente los neutrófilos,
Pensemos que este trabajo fue publicado en la revista The Lancet, una de las más prestigiosas del mundo en recopilación de investigaciones médicas, con un equipo muy serio al que seleccionan muy escrupulosamente antes de publicar un trabajo.
En la actualidad, el trabajo de este investigador está siendo llevado adelante con dos pacientes que para la medicina son terminales (y quiero dejar la idea de que “terminales somos todos”, y no concuerdo con esa denominación). El proceso está superando con éxito la fase 4 de investigación de la sustancia (Filgrastin) que requiere la Ciencia. Por supuesto que el camino no ha sido fácil, ya que tanto el descubrimiento como el descubridor han sido atacados por el mundo médico, no sólo por lo novedoso sino porque Antonio Brú proviene de las Ciencias Matemáticas.
Es interesante la nueva propuesta de Brú porque elige otro camino en el tratamiento, porque ubica la cuestión en un campo desestructurante para la rigidez de la Ciencia, ya que su propuesta es no eliminar con tóxicos la célula tumoral, sino limitar. Esta idea es francamente conmovedora y revolucionaria y nos acompaña a un grupo de colegas argentinos, que desde ya hace unos años trabajamos con este modelo porque creemos que la célula, cuando se reproduce en el borde, lo que pone en marcha es un mecanismo de supervivencia desesperado y pide a gritos comprensión.
Es muy posible que el desencadenante de esta situación del cáncer sea un conflicto de tipo biológico, esto es, un cruce entre una necesidad vital como la nutrición o reproducción (tomadas como metáfora) y su insatisfacción. Para que se entienda mejor: la vivencia desencadenante es un shock vivido en soledad, que lo toma al individuo a contrapié y sin poder verbalizar ni dar respuesta a una situación vivida como muy violenta.
Hace un año, y ante un pedido desesperado de un colega, he usado la sustancia usada por Brú, pero en una forma de preparación diferente, en una microdosis, en una paciente con cáncer de pulmón con metástasis hepática, que volví atender la semana pasada y que para alegría de todos experimentó una mejoría notable.
Creo que se abre una nueva perspectiva, aunque hay que ser muy serio y cauteloso y no alentar falsas esperanzas. Por ahora, hay gente estudiando seriamente el tema y parece ser muy prometedor. Habrá que esperar un tiempo, en el que a con-Ciencia, podamos transmitir nuestra experiencia.
Hasta la próxima.

      
  
Dr. Sergio M. Rozenholc