Nuevas aproximaciones en el tema del Cáncer

 

El equipo científico coordinado por el físico español Antonio Brú de 42 años, miembro del Centro de Ciencias Microambientales, perteneciente al consejo Superior de Investigaciones Científicas, acaba de revelar un trabajo hecho en colaboración con investigadores del hospital San Carlos de Madrid  en el que demuestra que basta con administrar durante unos meses un potenciador del sistema inmune que induzca en el cuerpo la generación de neutrófilos, para impedir el crecimiento de tumores cancerígenos.
 La publicación de este artículo en la revista médica “The Lancet” puede considerarse, para la comunidad científica, uno de los descubrimientos más importantes de las últimas décadas.
La muerte por cáncer de la abuela de Antonio Brú pone en marcha su profundo interés para investigar el tema e impulsa una investigación desde una óptica interdisciplinaria en la cual incorpora médicos, físicos, biólogos y veterinarios, y costea la misma sin ningún euro del estado español. Trabaja desde 1993 en este proyecto, luego de su trabajo como matemático en la Universidad Complutense de Madrid.
Brú se da cuenta de que el crecimiento tumoral no es aleatorio ni caprichoso sino que está sometido a un proceso que puede formularse matemáticamente, ya que los tumores pueden considerarse fractales (estructuras geométricas que permiten describir procesos que aparentemente son impredecibles pero que tienen un orden oculto). Quiero destacar, que los científicos han desarrollado este método para entender los fenómenos naturales.
Brú, en aquel entonces, trabajaba en un proyecto español de almacenamiento de residuos radiactivos de alta toxicidad con la idea de rodear los contenedores con una capa de arcilla a fin de evitar que ingresara el agua y no contaminara el entorno. A partir de la observación minuciosa de los contornos rugosos del material comienza la investigación sobre las ratas, en donde observa que la naturaleza fractal de los contornos de los tumores permite usar el análisis matemático para determinar la dinámica de crecimiento del tumor, permitiendo, a su vez la caracterización de los principales mecanismos físicos responsables del crecimiento.
Es donde descubre que siempre existía el mismo tipo de crecimiento, un mecanismo único que gobernaba todo el proceso desde el punto de vista dinámico con unas características morfológicas que se verificaban en todos los casos; un mecanismo de estructura de bordes por el que las células nuevas que nacían en el borde del tumor, que era donde se concentraba la mayor parte de la actividad del mismo, iban a ocupar concavidades de dicho borde En otras palabras, comprobó que las células tumorales buscaban siempre estar lo más rodeadas posibles de otras células tumorales y lo experimentó in Vitro.
De esta dinámica de crecimiento de células tumorales y su mecanismo, que parece ser siempre el mismo, deduce lo siguiente:
1)Que la mayoría de la actividad celular de los tumores se concentra en la banda externa de los mismos.
2)Que se produce lo que denominamos difusión superficial en el borde del tumor, es decir que las nuevas células provenientes de la división de una de las células del borde del tumor se mueven por él hasta que encuentran posición cóncava en la que están rodeadas por un número mayor de células que la posición en que se generaron.
3)Y que el crecimiento de la colonia cancerosa es constante en el tiempo, excepto en una primera fase (cuando hay pocas células) en el que el crecimiento es exponencial.
Que la proliferación estuviera restringida al borde de la colonia de células tumorales significa además que las células del interior de la colonia no proliferan al mismo ritmo que las de fuera, es decir, que existe un mecanismo de inhibición celular de las células cancerígenas (y posteriormente vio que prácticamente puede ser el mismo mecanismo) a lo que se conoce para células normales (no tumorales) como inhibición por contacto. El siguiente paso fue confirmar que este tipo de mecanismos también gobierna el crecimiento del tumor in vivo.
Hay una universalidad dinámica en todo tipo de proliferación celular y también en la proliferación tumoral. Con esto la teoría del crecimiento exponencial queda en entredicho.
Uno de los conceptos que desde el punto de vista matemático y físico no conseguía entender era que si se reconocía que dentro de un tumor, cualquier célula es capaz de proliferar, los tiempos de duplicación celular eran diferentes de los de duplicación tumoral. Los tiempos de duplicación celular son de 48 a 72 horas mientras los de duplicación tumoral superan, algunos, los cien días. Eso no tenía lógica. Y lo que en realidad ocurre, simplemente, es que no es verdad que crezca todo el tumor sino que fundamentalmente lo hace solo su borde. Esto explica que los tumores de dos centímetros cúbicos sean tan malignos. Porque tras 32 duplicaciones no es certero que las células acumulen tantas aberraciones cromosómicas, pero en cambio, tras ochocientas duplicaciones, sí es posible.
Esto nos explica por qué la célula de borde es mucho más maligna y está mucho más degenerada que la célula del tumor primario.
Resulta paradójico que las nuevas células tumorales busquen refugio en las concavidades del borde del tumor donde la competencia por los nutrientes es mucho mayor que en cualquier saliente del mismo.
Esto es nuclear en la nueva teoría, que demuestra que la auténtica competencia celular no se debe a los nutrientes como se suponía hasta ahora, sino al espacio.
Las células recién nacidas se difunden a lo largo de la interfase del tumor con el tejido del órgano que lo aloja antes de que se establezcan en una posición fija. Esta difusión busca situar las nuevas células en las concavidades.
Explicar toda esta ilógica conducta requiere que allí haya alguna compensación para la pérdida de suministros de nutrientes y la supervivencia en un ambiente más hostil.
La razón final es que las nuevas células tumorales encuentran más espacio para su duplicación y están más protegidas de la presión provocada por el tejido del huésped y por la respuesta inmune que trata de oponerse al crecimiento tumoral.
Esto es consistente con la observación de que las interfases tumorales siempre son super-rugosas, un modo muy favorable para resistir la presión.
De acuerdo con esta forma de proliferar y crecer, los tumores deben primero destruir el tejido del huésped para ser capaces de invadirlo y ocupar un nuevo espacio libre. La matriz extracelular es degradada por el entorno ácido corrosivo creado por el metabolismo de las células y por otras sustancias liberadas por el propio tumor, entre ellas la metaloproteinasas, porque el tumor necesita ir degradando el tejido huésped para seguir creciendo. Esto contrasta con la creencia común de que los tumores invaden primero el tejido huésped y después lo destruyen. Brú demostró que todo es al revés.
Por lo tanto el desarrollo del tumor lo constituye la difusión de las células tumorales en el borde. Es así como entendió que si se lograba anular ese mecanismo podría detener el crecimiento tumoral. Y descubrió que los encargados de esa anulación son los Neutrófilos y que el organismo los envía ahí donde los necesitan sin necesidad de dirigirlos nosotros.
Así inoculó a los ratones con tumores y luego le producían una gran neutrofilia para que el organismo pudiera producir una gran afluencia de neutrófilos alrededor del tumor. Y se dieron cuenta de que el sistema inmune está en condiciones de combatir el sistema tumoral, siempre y cuando su estado sea bueno.
Como verán, los grandes protagonistas son los glóbulos blancos. Observamos que cuando intervienen los neutrófilos, aunque de manera involuntaria, se obtienen buenos resultados. Es muy posible porque pueden aguantar el entorno ácido del tumor. Además, tienen bastante masa y aparecen en todos lo procesos tumorales donde son capaces de luchar para detener la replicación de las células tumorales y disminuir el mecanismo de desplazamiento en el borde de las mismas impidiéndoles así, llegar a posiciones cómodas para su duplicación y en segundo lugar, aumentar la presión en el interior del tumor. En resumen, los neutrófilos encapsulan el tumor, le impiden crecer y con el tiempo lo necrosan.
Como vimos, la naturaleza tiene sus propios mecanismos de reparación. Se debe apelar a una solución natural.
Ustedes se preguntarán cómo se puede potenciar el sistema inmune. A partir de inoculación de factores que estimulen la producción de la serie blanca de la médula ósea, como por ejemplo, la colonia G-CSF y GM-CSF.
Antonio Brú utilizó el Neupogen para producir el mecanismo descripto.  Tal vez, con el mismo resultado se aplicó el BIO BAC español que en la actualidad retiraron del mercado, y hongos, como el japonés Grigota frondosa.
Este trabajo tiene una excepción: todo esto se cumple para los tumores sólidos y no se cumple para las leucemias y los linfomas.
En la actualidad Brú está cumpliendo con los requisitos de rigor, para cumplimentar los requerimientos de las normas científicas y tiene en fase de tratamiento clínico a dos pacientes: uno, con un hepatocarcinoma y el otro, con un melanoma que fueron dados por desahuciados por la medicina oficial y llevan dos años con remisión total de su enfermedad.
La pregunta que me surge es por qué busca espacio el tumor.
Es muy factible que esto se deba a que detrás de una persona que padece el cáncer se haya producido lo que el Dr. Hamer llamó un conflicto de tipo biológico y que tiene que ver con el cruce entre una necesidad biológica (nutrición, reproducción, etc.) y su insatisfacción. El profesor Sami Ali de París, llamó a esto, situación de atolladero o callejón sin salida.
Es a partir del conflicto biológico que el tumor busca espacio. Quiero destacar esto, ya que no hablo de un conflicto entre instancias psíquicas como hubiera descripto Freud en sus dos tópicas (primera y segunda), sino la biología que se hace presente como modelo de supervivencia.
 Detrás de cada tumor hay situaciones que son derivadas de un hecho traumático como un divorcio, pérdida de un ser querido, un despido o cuestiones mucho más sutiles.
El tema se pone interesante cuando uno entiende que el funcionamiento de cerebro-psique-órgano responde al unísono ante un conflicto biológico en donde el cerebro pareciera emitir una orden y la psique permite que el órgano la procese.
Este mecanismo arcaico se describe a través de la evolución y para eso hay que comprender el desarrollo embriológico de los órganos. En esta descripción que hice mención a partir del trabajo de Brú, los tumores sólidos parecieran pertenecer a los tumores derivados histológicamente de la lámina endodérmica y con conexión con la parte más primitiva del cerebro que es el tronco cerebral y también de la lámina mesodérmica antigua, en conexión con el cerebro antiguo.
Pareciera que el cerebro almacenara la información filo y ontogenética de la especie (esto sostiene el Dr. Rof Carballo) y que cuando un conflicto biológico se desencadena, se actualizaría la historia evolutiva. Una de las preguntas que surgen cuando se produce un cáncer  es  por qué hay ciertos individuos más vulnerables que otros en esta situación. Esto lo explica perfectamente el Dr. Bert Hellinger con su aporte de lo que él dio en llamar constelaciones familiares.
Este último autor sostiene que el individuo tiene un plan secreto en su vida y que este se basa en mensajes de generaciones que antecedieron a sus padres y que no fueron pasibles de decodificar, de conflictos colectivos, etc.
Posiblemente, a nivel celular se pueda explicar también esta cuestión, pero sería imposible extenderme en este trabajo. Lo que sí puedo decir es que se produce una exclusión. Para entender esto me gustaría citar al Dr. Fernando Callejón que sostiene que a nivel celular, en el cáncer hay dos cuestiones importantes en la célula anaplásica: por un lado un exceso de mitosis y por el otro, una inhibición de la apoptosis, esto determinaría que a la célula anaplásica le pase lo siguiente:
1) Menos dependencia de los factores de crecimiento que provee el medio
2) Potencial ilimitado para dividirse.
3) Maduración incompleta o ausente
4) Pérdida de la inhibición por contacto
5) Alteraciones de la permeabilidad de la membrana
Este autor dice que para traducir el lenguaje de la célula al lenguaje humano y recomponer esta situación, hablaríamos de:
1) El sometimiento a la autoridad
2) La mayor dependencia de los otros
3) El restablecimiento del contacto y
4) La permeabilidad de las creencias.
Todo esto sería para lograr la inclusión del sentido biológico del que hablamos anteriormente.
Es factible que a partir de estos movimientos, el individuo aprenda a entregarse, a romper con ciertas normas y aprenda a recibir.
Lejos está de comprenderse psicológicamente el sentido biológico, ya que es la evolución la que  sitúa en este camino al individuo que padece una enfermedad de cáncer.
En cuanto al tratamiento, la homeopatía ofrece una gama de posibilidades muy amplias en manos experimentadas. Les dejo a mis colegas para pensar, qué pasaría en el caso que se dinamizara el neupogen y se pudiera realizar una patogenesia del mismo.
Otra de las herramientas a las que podemos recurrir y que tendríamos que tener en cuenta  es la hipertermia y la diatermia, la que están brindando excelentes resultados en este tipo de patologías, a pesar que estos equipos no fueron creados para ello.
En los últimos tiempos he tenido excelentes resultados con remedios que los homeópatas consideramos pequeños, por estar poco experimentados, como es el caso de Condurango en un cáncer de tercio inferior de esófago.
Es muy posible que los métodos descriptos tengan la misma eficacia que el tratamiento con neupogen , es decir una neutrofilia muy importante y personalmente creo que este es el camino que debemos seguir con esta enfermedad.

Esta es una pequeña síntesis de los cursos que dictaré en febrero 2006 las ciudades de Sevilla y Barcelona pero quiero dedicárselo muy especialmente a un médico que considero muy valiente, que ha pedido ayuda por Internet a sus pares, en un momento difícil que le tocó atravesar con un paciente gravísimo. Para él es este trabajo.

 

Dr. Sergio M. Rozenholc