Psoriasis

 

Lionel es un joven de 29 años, casado. Derivado por su psicoterapeuta, me consulta en mayo de 2004 por un cuadro de psoriasis que padece desde hace 9 años, en los codos y en las manos. Se describe como impulsivo, impaciente, inconstante; le cuesta recordar acontecimientos recientes, como nombres y hechos concretos. Tiene pensamientos encontrados o contradictorios, característica que lo acompañó toda su vida. Dice ser alegre, tímido desde pequeño y la falto de confianza en sí mismo pareciendo ser estos, los ejes de esta historia. Tiene algunos miedos que lo acompañaron durante mucho tiempo, entre los cuales están presentes en la actualidad, el miedo a la soledad, a la enfermedad, a la oscuridad y a la muerte.
Trabaja desde hace algunos años con el padre. Este es un empresario muy exitoso, que mantiene con su hijo una relación áspera y distante. Lionel sostiene que el padre no lo valora ni lo tiene en cuenta. Esa manera de vincularse lo hace sufrir mucho, y al decir del paciente,  el padre no le da el lugar para poder cuidar y continuar con los destinos de la empresa. En el lugar que Lionel cree merecer,  el padre ubica a una persona, de su confianza, para llevar adelante el negocio.
Lionel alberga en su fuero íntimo, la certeza de que la situación podría ser diferente si el padre lo tuviera en cuenta para ser el hombre de confianza que él tanto anhela, ocupar ese lugar al lado de esta figura importante en su vida.
A lo largo de las primeras consultas surge todo el tiempo el tema de su inseguridad y su difícil relación con su padre.
Desde la Clínica Homeopática, seguimos obteniendo datos. En lo que se refiere a gustos alimenticios, es notorio su deseo muy marcado de cosas dulces muy, como su aversión al coliflor y al hígado. Otro elemento que aporta es su manera de dormir, que a toda su vida lo hizo sobre el abdomen. Algo que también lo caracteriza es que fuma un atado de cigarrillos por día. La transpiración la registra acuosa y solo es visible en manos y axilas, pero no muy abundantemente.
Decidí con todos estos elementos dar un medicamento que se llama Lycopodium, que cubría la totalidad del sufrimiento de Lionel.. A los tres meses de la primera consulta, en su primer revisita, se lo observa mucho más optimista , menos ansioso, tal vez menos impulsivo y un poco más constante, según lo que va relatando.
A los seis meses, ya se lo ve mucho más tranquilo, comenta que se siente más seguro y sus codos han producido una mejoría sustancial, aunque en sus manos todavía no mejoró la psoriasis.
Seis meses más tarde comenta que había mejorado significativamente la relación con su padre y que él cada vez se sentía más seguro. Sus manos habían mejorado bastante a pesar de no estar totalmente curadas y dejó de fumar. Aparecen los proyectos. Con su pareja están pensando en tener un hijo y comienza a crecer  una nueva inquietud en relación de crear una empresa propia.
Al año de la última consulta surge una historia verdaderamente conmovedora que comienza cuando me relata que su interés actual es formarse profesionalmente como vendedor de seguros. Para ese entonces, hacía 3 meses había montado su empresa, y que si bien por el momento, no había dejado la de su padre, con el tiempo tiene pensado hacerlo.
La psoriasis en la mano había desaparecido totalmente, se lo veía a Lionel muy tranquilo, sin rastros de ansiedad, con muchos menos miedos, ya no fumaba hacía mucho tiempo, había tenido un hijo, se lo apreciaba muy feliz hablando de su heredero,
Me comenta que le gustaría tener una buena formación, un sustento sólido para este nuevo proyecto de su empresa y había tomado la decisión de profesionalizarse en su nueva actividad, a partir de lo cual recurre a un curso universitario para tal fin. Sus ilusiones abrigan la posibilidad de jerarquizar su vida profesional, produciendo una fusión laboral-empresarial con su actual estudio.
Quise compartir el relato de este caso porque es verdaderamente ilustrativo el hecho de que la enfermedad viene a traer un verdadero mensaje, que en realidad es un regalo. Se trata de encontrar el acontecimiento en la vida de un sujeto, que aparece como semilla para la producción de una enfermedad y cómo los síntomas no son otra cosa que metáforas del sufrimiento profundo de un paciente.
El médico homeópata debe recoger ese hermoso regalo que es el síntoma que le brinda el paciente, pero que se entienda bien, no es la Psoriasis de lo que estoy hablando, sino lo más profundo que tenía Lionel: su inseguridad y la falta de contacto con su padre.

La medicina homeopática nos muestra en este caso, lo maravilloso que resulta ver como un individuo inseguro se transforma en un vendedor de seguros, transformación que anuncia una verdadera curación, observable en todos los ámbitos de su vida, por cumplir con todos los preceptos inscriptos en lo profundo de una sanación.

 

Dr. Sergio M. Rozenholc