Estamos en tiempos del denominado “corralito” en donde toda nuestra sociedad se debate en un estado casi febril, en una crisis que parece no tener antecedente en la historia de nuestro país, todos los argentinos fuera cual fuere su condición y estrato social a los que perteneciera comienzan a experimentar a la manera de un sufrimiento sensaciones de angustia, asfixia, encierro, cansancio, desesperanza y falta de proyectos. Este parece ser el punto culminante del desarrollo de una enfermedad crónica (miasmática) de larga data ya que durante muchos años todos fuimos Menem, todos fuimos Cavallo, y todos fuimos De la Rúa y quizás hoy somos Duhalde.
Lo interesante de esta concepción es que se empiezan a vislumbrar ciertos mecanismos de defensa a lo largo de todo el tejido social reclamando justicia, idoneidad, equidad, conocimiento, solidaridad, etc., como si la sociedad hubiera recibido lo que en homeopatía llamamos similimun, un remedio que pone en marcha todos los mecanismos de defensa, adecuados para el correcto proceso curativo.
Esta idea de analogar el tema social con un enfermo crónico es para poder explicar que el remedio homeopático despierta en los seres humanos el coraje y la valentía. Es sabido que la palabra coraje proviene de la raíz latina cor, que significa vivir con el corazón, por lo que esto implica un rasgo en el individuo de valentía en el acceso a los caminos del amor, con confianza para meterse en lo desconocido y en lo inexplorado. Y el hecho de querer renunciar al pasado y permitirse transitar el presente y el futuro con los peligros que esto implica, hace que por primera vez esta comparación de sociedad enferma y paciente, aparece dando muestras de estar totalmente viva y de querer sanar y curar esa enfermedad crónica, que denota la falta de compromiso con la existencia misma.

La curación no implica renunciar al pasado, sino que por medio de un cambio interior pueda modificar las tendencias enfermas del pasado y darles el sentido adecuado, que le permita encontrar el camino correcto para su presente y futuro.

 

 

 

Dr. Sergio M. Rozenholc