Callejón sin salida  o  el camino a la vida


El mundo está convulsionado, vemos con disgusto que las guerras entre pueblos hermanos que disputan territorios, anteponen odios ancestrales como estímulo para la lucha sangrienta, y se desdibuja la hermandad entre los hombres. Estas formas de querer lograr una  reivindicación sin escucharse, a mi parecer los llevan a callejones sin salida.
Por otro lado  nos vemos expuestos al padecimiento de la crisis económica mundial que sumerge y conduce a los pueblos, y sobre todo a los del tercer mundo,  hacia el hambre y la miseria. Es muy posible que los más humildes crean tener una condena a un callejón sin salida permanente.
En este momento me viene a la mente el modelo psicoanalítico en el cual su creador, el Dr. Sigmund Freud,  distinguía que la vida  es la lucha de dos pulsiones, una de vida y la otra de muerte, las que desde que nacemos están en pugna,  pero para sostener la vida. Me preguntaba entonces por qué el mentor de dicha disciplina decía en los últimos años de su vida, cuando estaba exilado en Inglaterra, que con el transcurrir del tiempo la pulsión de muerte triunfaría sobre la pulsión de vida en relación a las luchas del hombre. ¿Por qué privilegiaba el camino a la autodestrucción? ¿Será otra postulación del callejón sin salida?
En la  Medicina, esta eterna confrontación se traslada a las ramas  alopática y homeopática. Creo que este callejón sin salida es por el principio de la intolerancia y la falta de información, ya que "el hombre siempre está dispuesto a negar lo que desconoce".
Es muy posible que la enfermedad sea otro callejón sin salida. Cabe entonces preguntarnos…
¿Cuánto dolor tendremos que pasar para escuchar nuestro propio deseo, escuchar nuestros órganos, nuestra biología ancestralmente programada?
¿Cuántos desencuentros debemos atravesar los seres humanos para acercarnos y poder compartir la divinidad de la vida?
¿Cuántos años tendrán que pasar para poder entender a otro ser humano sin juzgarlo y aceptarlo como un par?
¿Cuánto tiempo tendrá que transcurrir para que nos demos cuenta de que lo que más rechazamos es justamente los que  más necesitamos?
Recuerdo las palabras de la madre Teresa de Calcuta,  quien nos daba una lección de vida cuando decía:

¿Cuál es el día más bello?… Hoy.                            
¿La cosa más fácil?...  Equivocarse.
El obstáculo mas grande: el miedo.
El error mayor:  abandonarse.
La raíz de todos los males: el egoísmo.
La distracción más bella: el trabajo.
La peor derrota: el desaliento.
Los mejores maestros: los niños.
La primera necesidad: comunicarse.
Lo que más feliz hace: hacer feliz a los demás.
El misterio más grande: la muerte.
La persona más peligrosa: la mentirosa.
El peor sentimiento: el rencor.
Lo más imprescindible: el hogar.
El regalo más bello: el perdón.
La ruta más rápida: el camino correcto.
La más linda sensación: la paz interior.
El resguardo más eficaz: la sonrisa.
El mejor remedio: el optimismo 
La fuerza más potente del mundo: la fe.
Las personas más necesarias: los padres.
La cosa más bella de todas: el amor.

La decisión del camino a tomar siempre será nuestra. Podremos paralizarnos ante el callejón sin salida o elegir aprender de él y reemprender el camino a la vida.

 

 

Dr. Sergio M. Rozenholc