¿Qué nos pasa?

 

Durante los últimos años, los médicos hemos perdido ciertos conceptos que antiguamente poseíamos, ya que cuando un paciente padecía de un síndrome gripal, nos sentábamos al lado de él y le realizábamos una buena anamnesis. Se entiende por anamnesis, el examen clínico que reúne todos los datos personales, hereditarios, familiares del paciente, anteriores a la enfermedad. Acto seguido le pedíamos que nos contara su preocupación, porque presumíamos que había pasado una situación de stress, y sabíamos con certeza que luego de esto se habían puesto en marcha los mecanismos de defensa naturales del organismo (fiebre, astenia, adinamia) para recuperar la salud. Luego, se indicaba reposo, ingesta de líquidos y si uno era alópata, suministraba un antitérmico, paños fríos, etc.; si en cambio practicaba la homeopatía, el remedio correspondiente al paciente. Era el médico quien de manera tranquila y pausada calmaba a la persona y la ansiedad de su entorno, explicando que durante los siguientes 7 días el paciente recuperaría su bienestar.
Siempre recuerdo las palabras del destacado pediatra argentino Florencio Escardó quien decía que una gripe se cura en siete días con antibióticos y en una semana sin antibióticos.
Creo que inconcientemente los médicos conocíamos que la palabra anamnesis, término que reintrodujo Galeno en la terapéutica, en 1657, deriva del griego antiguo y proviene de recuerdo o reminiscencia. Es por eso que poníamos el oído en rescatar cuál era el hecho o la situación que había desencadenado el cuadro.
Me preguntaba qué nos pasó durante los últimos 30 años que compramos el marketing de las multinacionales farmacéuticas que nos generan miedo, qué nos pasó que nos produce un alejamiento de nuestra esencia terapéutica, qué nos pasó que olvidamos o desjerarquizamos lo que hemos aprendido a través de tantos años de experiencia nuestra y de los colegas que nos antecedieron, qué nos pasó que solo valoramos los fármacos y no el acto médico.
¿Dónde quedó esa vieja historia del médico de barrio que se sentaba al pie de la cama del paciente, y que ni bien se acercaba, el paciente comentaba “no sé qué me pasa, llegó usted doctor y me siento mejor…”?
En los últimos años se ha producido una resistencia bacteriana de varias cepas a los antibióticos, por el uso indiscriminado de estos medicamentos. Esto se debe a dos factores, el primero es el factor de la automedicación y el otro, la inadecuada indicación ante cualquier virosis, la repetida creencia que hay en relación a que hay que cubrir el cuadro ante cualquier posible infección.

Creo que los médicos debemos recuperar nuestro arte, nuestra esencia, que es donde ponemos en juego la premisa de la escucha, punto de partida de una buena anamnesis. Y por sobre todo reconquistar la firmeza de la indicación precisa con el sentido de reinstalar la autoridad que nuestra profesión amerita.

 

Dr. Sergio M. Rozenholc