El nuevo capitalismo postindustrial está encabezado por las   industrias farmacéuticas, las cuales hacen una fuerte inversión en el área de la biotecnología fusionándose con empresas de bioinformática,  hecho que describe muy bien la autora Paula Sibilia en su libro “El hombre postorgánico”.  La idea que expone es el desarrollo de técnicas para modelar eficientemente cuerpos útiles y subjetividades dóciles, lo que buscan es supresión de las distancias, de las enfermedades, del envejecimiento e incluso de la muerte.
 La autora nos invita a recorrer los avances que produce la medicina en sus investigaciones, como la implantación de microchips en el globo ocular de un hombre con problemas en la retina que le permitieron superar la ceguera. En el rubro de la biónica se logró la implantación de la primera mano artificial que permite al portador tocar el piano o realizar tareas complejas como usar una computadora. Esto y otros proyectos en desarrollo permiten vislumbrar aportes muy importantes para la medicina.
La apuesta más fuerte de las farmacéuticas surge a partir de la decodificación del ADN, ya que fantasean con que a partir de las nuevas terapias, surjan posibilidades de  corregir los errores genéticos, lo cual permitiría el tratamiento adecuado para enfermedades como por ejemplo la esclerosis múltiple, cáncer, etc,  para las que por ahora, no tienen una solución adecuada.
En otro orden de cosas siempre aparecen voces de personajes  trasnochados y delirantes que dicen  que las empresas ya tienen las medicaciones para estas enfermedades graves y que no la quieren entregar en el mercado para mantener poblaciones cautivas, u otras explicaciones pocos serias. Este es un verdadero error de concepto porque tales descubrimientos devengarían ganancias varias veces multimillonarias.
  Lo interesante de este nuevo modelo es que “el ADN de la información permite presagiar la inminente conversión de todos los elementos constitutivos de la realidad material en esa sustancia virtual” (dice Sibilia). En este punto es donde me gustaría hacer alguna aclaración.
Personalmente creo que hay un error en esta nueva búsqueda puesto que hay aspectos de lo humano que tienen funcionamiento analógico y otros aspectos, sí son digitales como los ya descriptos (microchips).
Las enfermedades crónicas y graves tienen un comportamiento analógico, de constitución binaria, si se me permite usar un término informático, y  presentan un condimento de la dimensión de lo humano que es “del orden de lo imprevisible”.
Piensen ustedes que las grandes apuestas de estas empresas multinacionales están orientadas a manipular un gen, que es manipular al hombre, a la historia de una familia, de la sociedad y en última instancia de la evolución de la humanidad.
Este modelo nos induce a pensar al ser humano como previsible,  y este es el error, ya que como sostiene Taleb en su libro “El Cisne Negro”,  hechos del orden de lo imprevisible modifican la vida de la gente para siempre.
Hilando un poquito más fino,  piensen ustedes que  para explicar el universo, los científicos actuales hablan de la teoría M (maestra, milagro, misterio… nadie sabe lo que significa la M) que habla de las once dimensiones del espacio-tiempo. Las leyes de la teoría M permiten diferentes universos, por otro lado tiene soluciones para diferentes espacios internos. ¿No hay acaso un solo universo? ¿Diferentes lugares internos? ¿Diferentes realidades?

Por todo lo dicho es que creo que hay que reivindicar la medicina homeopática, que a pesar de su complejidad es única, ya que por su esencia binaria respeta la condición de lo humano, reconoce lo imprevisible en la vida, es una constante de la subjetividad y no suprime ni manipula la historia de la evolución del hombre ni de la especie.

 

Dr. Sergio M. Rozenholc