Una reflexión sobre la automedicación

 

Desde los tiempos de los tiempos la gente ha utilizado la automedicación para tratarse las enfermedades que padecían, utilizando conocimientos culturales y ancestrales que se transmitían a través de  sucesivas generaciones.
Los saberes tomados de la naturaleza y la cultura de la medicina primitiva fueron tergiversados con el paso del tiempo por intereses ajenos al practicante, constituyendo entonces, un riesgo para la salud.  Un avance sin precedentes de descubrimientos científicos y un marketing de las empresas farmacéuticas multinacionales,  alentaron el ocultamiento de estos conocimientos ancestrales.
Este crecimiento  de la ciencia médica alopática es mediatizado por la información pública (internet, televisión, etc.), la que facilita los mecanismos para realizar la auto prescripción.  Un claro ejemplo se puede observar cuando,  una novela que ocupa un horario central en la televisión abierta, incluye  el ofrecimiento de analgésicos con función antiinflamatoria, publicidad que oficia como separador entre dos escenas que presentan un conflicto. El fármaco opera subliminalmente como si fuera, ilusoriamente, la solución del tema que presenta el acto de la comedia.
 Pero también existe otra pata del problema, y  es la falta de una legislación actualizada que limite la venta libre de medicamentos, generando  riesgos para la salud pública. El tema es de mucha gravedad si tenemos en cuenta algunas cifras en relación con la automedicación.  En la Argentina mueren, según datos del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos, cerca de 1200 personas por año, por el consumo de analgésicos muy potentes.
Este aporte  no pretende de ninguna manera ser una crítica, sino un llamado de atención a la delicada situación a que se exponen las personas que incurren en este tipo de prácticas en la actualidad, ya que por su reiteración, se quedan en un lugar sin contención, ni cobertura, ni protección, como así también vacío de contenido.  Se desdibujan sus propios límites, hasta incluso desaparecer junto con los referentes que otorga el acto y modelo médico en las personas. Esta reflexión le cabe también a la medicina homeopática ya que el tratamiento siempre debe estar guiado por un especialista.

Es importante volver a poner en el lugar que la historia y la cultura le otorgó al médico en la sociedad actual.

 

 

Dr. Sergio M. Rozenholc